|
En la espléndida
sala de exposiciones del seminario de Cultura Mexicana,
se presento, desde el mes de agosto de 1996, la exposición
del pintor zacatecano Ignacio Vera Ponce titulada,
La Gran Vía.
Ya conocía esta colección en el museo
Francisco Gotilla de la ciudad de Zacatecas. Llamó
mi atención poderosamente, lo que motivo realizar
las gestiones necesarias para exhibirla en la capital
del país.
El estilo artístico de Vera Ponce
es tal vez difícil de ser descrito fielmente pues
presenta varias novedades aunque puede encuadrarse
como un arte plenamente contemporáneo. No es figurativo
ni naturalista en el sentido convencional de estos
términos pero tampoco es plenamente abstracto. Se
mantiene en ambas dimensiones, pero con características
propias.
La referencia objetiva clave de la
colección es el Vía Crusis, el camino que recorrió
Jesús con todos los incidentes conocidos. Pero esta
referencia es simbólica, pues aparecen algunas figuras
claramente identificables como la cruz, las espinas,
etcétera. Las formas aparecen en trazos vagos, imprecisos,
yuxtapuestos caprichosamente dentro de perspectivas
desusadadas, todo en el contexto personal. Pero esas
referencias objetivas se muestran con total libertad,
al modo expresionista, en medio de una atmósfera obscura
sin luces ni radiaciones, mas bien en un ambiente
de tono fúnebre, tetrico y dramático.
Sin embargo
un rasgo singular es que algunos de los objetos representados
aparecen en relieve, abultados, como esculpidos en
la superficie, aunque esta descripción es también
incorrecta. Todo surge como una fuerza interior, vital,
plástica, como si emergiera desde el fondo con ese
toque peculiar.
Un rostro que semeja una mascara
funeraria, es parte de los materiales diversos, que
impulsados por una fuerza extraña, hubiesen adquirido
la esencia de un rostro cadavérico.
Se aprecian diversas técnicas que
no me parecería adecuado calificar de escultura, pues
conserva la mayor parte del plano superficial de dos
dimensiones. Por eso prefiero llamarlo simplemente
grabado original, sin ser monotipo.
Estas características que he señalado,
además de sus rasgos vigorosos, el aspecto fantasmal,
onírico, que da a sus obras le otorgan una fuerza
expresiva impresionante, llena de sugerencias, inventando
un mundo propio del artista, en donde sus creaciones
se desenvuelven y se muestran en total libertad e
independencia, sumergiéndonos en un gran universo,
donde el mensaje trágico, vehemente, apasionado del
artista, impacta y conmociona a los espectadores.
A final de cuentas, nuestra época
tan convulsa, y agitada, tan desgarrada por tendencias
opuestas y contradictorias no puede menos que sugerir
a los creadores dichos mensajes, como los que nos
transmite la obra de este joven grabador Ignacio Vera
Ponce.
|